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Una escuela en Nueva York tiene una misión poco corriente

Nahal Toosi / Escritor de Associated Press
10 de marzo, 2006

Nueva York (AP) - ¿Ejecutar o no ejecutar a Stanley Tookie Williams?

Esta era la pregunta a las 9 de la mañana en una clase reciente en la Escuela de Derechos Humanos. Alfred Best, del décimo grado, al que se podría llamar payaso oficial de la clase, o el chico que más probablemente va a triunfar en el último año, no era capaz de decidirse sobre qué hacer con Williams, un asesino convicto y jefe de una banda.

"Creo que deberían haberlo matado", dijo en un momento.

"O sea, que estás diciendo que está bien que juguemos a ser Dios", le respondió su profesora Latoya Massey, una experimentada abogada del diablo. "Nosotros damos y nosotros tomamos".

"El también trató de jugar a ser Dios en cierto modo", replicó el quinceañero.

Los adolescentes sabían que la pregunta era discutible: Williams, un co-fundador de la banda Crisp que más tarde escribió libros infantiles negando la violencia, fue ejecutado en diciembre. Pero para los estudiantes en esta escuela poco usual, muchos de los cuales han crecido en barrios plagados de bandas, este tema no es en absoluto irrelevante.

La Escuela de Derechos Humanos es una de las casi 150 "pequeñas" escuelas públicas que abrieron a traves de iniciativas especiales en Nueva York en los últimos tres años. Mientras que es normal que se hable sobre derechos humanos en las escuelas (un segmento sobre el Holocausto es una lección clásica), una academia completa construida sobre el concepto es rara. Esta está siendo observada cuidadosamente por grupos tales como Amnistía Internacional USA y Human Rights Education Associates (HREA), que desde hace mucho tiempo han buscado modos de influir los currículos educativos y estuvieron involucrados en la planificación de la escuela.

En un dia cualquiera, los alumnos en la escuela de Brookline abordan temas que van desde el colonialismo hasta las Naciones Unidas. Los administradores buscan el modo de hacer que el marco de los derechos humanos se aplique a algo más que solamente las discusiones en clase.

Los profesores de todas las materias intentan relacionarlas con el tema de los derechos humanos. Los alumnos pueden rastrear datos del censo sobre pobreza en sus barrios como parte de la clase de matemáticas o leer novelas que te parten el corazon sobre el genocidio para obtener créditos en literatura. La escuela tambien invita a oradores y lleva a los chicos en viajes de estudios que tratan de algún modo con temas de derechos humanos.

"Nuestros chicos tienen un fuerte sentido de la justicia y la violencia", dice Jessamyn Waldman, que representa al principal socio de la escuela, HREA. "Lo que no queremos es enojarlos más. Lo que queremos es darles mas poder".

Los funcionarios de la escuela tratan de ser objetivos cuando discuten temas controvertidos, tales como la pena de muerte.

"No estamos enseñando a los chicos qué pensar, sino a pensar", dijo el director Kevin Dotson, añadiendo que para algunos temas, require un cierto trabajo de preparacion. "No llegamos y le decimos de improviso a los alumnos de sexto grado 'Hoy vamos a hablar de la tortura'". La escuela, actualmente en su segundo año, tiene los grados seis, siete, nueve y diez, y va a añadir más niveles anualmente para ajustarse a su designación de institución con grados seis a 12.

Tiene aproximadamente 300 alumnos, la mayoría de ascendencia caribeña. La admisión está abierta a alumnos en toda la ciudad, pero la mayoría proceden de barrios cercanos.

Los alumnos entrevistados dijeron que fueron atraidos por el pequeño tamaño de la escuale, aunque echaban de menos las amplias ofertas curriculares en escuelas más grandes. Dijeron que mientras reciben más atención individual, el trabajo es exigente.

"Es como una gran familia", dijo Quaseem Raab, un estudiante de décimo grado de 15 años.

Las clases incluyen alumnos de diferentes habilidades académicas. Dotson dijo que permitir a estudiantes "de habilidades distintas" el asistir a los mismos cursos es un modo de abrazar el ideal de derechos humanos, mostrando las realidades de la vida diaria.

El sistema de justicia de la escuela es otro modo.

Carteles en los pasillos piden a los chicos que hablen con los mayores si tienen problemas. Los alumnos que cometen infracciones generalmente aparecen delante de un "comité de justicia" y se someten a un proceso de mediación con los otros implicados.

Quaseem, que se metió en problemas por intercambiar notas con un compañero de clase, ("no sabía que no debíamos hacer eso", insiste) no solamente explicó sus acciones al comité de justicia, sino que también ha participado en comités . Dice que el proceso es generalmente bueno.

La escuela de derechos humanos comparte el edificion con un puñado de otras "pequeñas escuelas", incluyendo la Escuela de Servicio Publico y la Escuela Internacional de Arts Business. En general hay poca interacción entre las diferentes escuelas, pero comparten espacios communes como la cafetería.

Los chicos hacen bromas sobre las rivalidades entre las escuelas que a menudo aparecen.

"Es como en la pelicula 'Grease' pero sin los bailes y las canciones", explica Quaseem.

El progreso de la escuela, hasta ahora, es tranquilizador para los grupos que quieren realizar proyectos similares en otros sitios.

Karen Robinson, directora de educación para los derechos humanos de Amnistía Internacional USA, dijo que su grupo está trabajando con profesores en Florida que quieren establecer academias de derechos humanos dentro de sus escuelas.

Dijo que otros paises en general realizan un mejor trabajo poniendo énfasis en los derechos humanos en las escuelas. La educación en los Estados Unidos es "muy buena en los derechos civiles y políticos, pero no en los económicos, sociales y culturales", dijo.

En un día reciente, despues de que terminaran las clases ese día, un puñado de alumnos de la escuela de derechos humanos se quedaron para un periodo extraordinario, voluntario. El tema de la clase era la ley, y Waldman, el profesor, lanzaba palabras tales como "preponderancia de evidencia" y "estricta reponsabilidad" mientras que los alumnos tomaban notas.

Entonces, ahí estaba otra vez, prision a perpetuidad contra pena de muerte en el caso de un acusado famoso: Zacarias Moussaoui, que se declaró culpable de conspirar para pilotar aviones contra edificios de los Estados Unidos pero insiste que no jugó ningún papel en los ataques del 11 de septiembre.

Puede Moussaoui, que puede ser mentalmente inestable y aparentemente no se interesa por sus abogados, recibir una sentencia justa en un país que todavía no se ha recuperado de los ataques?

Los chicos sintieron que no podría.


Copyright © 2006, Associated Press
Traducción: Acacia Aguirre


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